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“Irá al psiquiátrico y no a prisión aunque intentó quemar viva a su novia

El hombre acusado en 2007 de prender fuego en una gasolinera de Alicante a una joven con la que mantenía una relación ha aceptado cumplir cinco años de internamiento en un centro psiquiátrico penitenciario.La defensa y la Fiscalía alcanzaron ayer un acuerdo para que el acusado, I. D. L. S. cumpla cinco años y seis meses, gracias a la aplicación de un atenuante por alteraciones psíquicas y consumo de estupefacientes. Además han eliminado el agravante de parentesco, aunque víctima y agresor eran pareja de hecho en el momento de la agresión.

Aroa F.H. sufrió quemaduras de gravedad de segundo y tercer grado en el 30 % de su cuerpo y tuvo que ser intervenida quirúrgicamente en varias ocasiones.

Ella le perdonó, fue a los ‘vis a vis’ y renunció a la indemnización

Estuvo hospitalizada durante 17 días, aunque tardó en curarse 60, y los costes de la atención medica recibida en el hospital ascienden a 18.518,38 euros.

A pesar de todo, ella le perdonó, retiró la denuncia e incluso acudió dos veces a la cárcel para tener encuentros íntimos con su agresor y renunció a la indemnización.

La agresión ocurrió la mañana del 24 de marzo de 2007 después de que Isidoro David L.S pasara la noche en los bares del puerto consumiendo “pastillas, cocaína y casi un litro de alcohol”.

Al parecer, tras una discusión, el hombre roció a la víctima con gasolina, la encerró en el vehículo y le prendió fuego con un mechero desde el exterior. A continuación, se sentó en las proximidades a ver las llamas.”

Visto en:http://www.20minutos.es/noticia/410873/0/condena/quema/novia/

Esta noticia (como tantas otras) nos enseña que todavía nos queda mucho por aprender, mucho por caminar en la gran tragedia que es la violencia de género. No sobre el acto en si, ni sobre la psicología del agresor, la cual es muy compleja, pero se lleva estudiando durante décadas. El verdadero interrogante, es la psicología de la víctima; quemada en su propio coche, y perdona a su agresor.
Los psiquiatras no se cansan de repetir, que la anulación que sufre una persona tras un maltrato psíquico ó físico continuado provoca un sometimiento voluntario al agresor. Se pierden las armas que dirigen la propia voluntad. Este tipo de casos los hemos observado en incontables ocasiones.
En la guerra de vietnam los presos americanos eran sometidos a lavados de cerebro; consistía en la tortura continuada por parte de uno de los guardas que custodiaban a los presos, y posteriormente en el comportamiento benévolo de otro de los guardas vietnamitas, que les alimentaban, les escuchaban y les daban apoyo después de las torturas. El clásico “poli malo-poli bueno”. Pero era muy eficaz. Tanto es así, que los presos norteamericanos llegaban a sentir gratitud hacia el vietnamita que era bueno con ellos; las torturas disminuían hasta desaparecer, y entonces lo que quedaba en aquellos militares apresados era un sentimiento positivo hacia los vietnamitas. Perdían la dimensión de la realidad; perdían la perspectiva de cuales eran sus papeles. Les habían lavado el cerebro, hasta tal punto, que si les dejaban libres, ó les rescataban, volvían a E.E.U.U haciendo propaganda del comunismo. Como vemos, las defensas de nuestro cerebro para poder aguantar ciertas situaciones tienen un límite, y tras ese límite inevitablemente se derrumban, y lo que queda es una masa de arcilla susceptible de ser moldeada. Los héroes que aguantan las torturas y los lavados de cerebro sólo existen en las películas.
Por otro lado tenemos el famoso síndrome de estocolmo. Un individuo que ha sido secuestrado, puede llegar sentir afinidad hacia los captores; en este caso también se siente gratitud hacia los agresores por no haber sido matada por ellos.
Esto no son más que ejemplos de como puede reaccionar el cerebro ante situaciones en las que debería actuar de manera contraria, una vez que los límites psicológicos han sido traspasados por la tensión y el estrés de determinadas situaciones. Los mecanismos son muy complejos. Sin embargo, el problema subyacente no es la anulación personal que sufre la mujer ante tanto maltrato (obviamente éste es el núcleo del maltrato), sino por qué, en condiciones de plena libertad, sin haber sido secuestrada ó apresada, la futura víctima decide seguir con su pareja tras la primera agresión; la primera y más importante (simbólicamente hablando, ya que su actitud frente a ésta determinará en la mayoría de los casos que ocurrirá después). Por qué no decide denunciar a la primera, ó como mínimo, huir de esa persona.
Como decía John Heywood “Nadie puede amar sus cadenas, aunque sean ed oro puro
Visitar:http://www.migualdad.es/mujer/

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Cowboys del infierno

Experiencia personal de un Marine de E.E.U.U, durante su servicio para el Cuerpo de Marines, y durante la guerra de Irak. Es un relato imprescindible para aquellos que pretendan conocer por dentro cómo funciona realmente el supuesto cuerpo de élite de los E.E.U.U.

No es un libro que pretenda denunciar a gran escala las injusticias del cuerpo militar, ó de la guerra de Irak. Es sencilla y llanamente el testimonio en primera persona de lo que ocurrió, y de lo que ocurre, desde la perspectiva de uno de sus grandes defensores, hasta que sus vivencias en la guerra le cambiaron su visión radicalmente.

Dónde comprar:

http://www.casadellibro.com/libro-cowboys-del-infierno/2900001120105

Raúl Rouille

“Estuve leyendo su articulo acerca de la tormenta solar y los efectos que podrían causar y es notable que la Biblia, en libro de Apocalipsis cap. 16:8-9 y otros como 6:12; 7:16; 8:12; 9:2, señalan acontecimientos que van a ocurrir con el Sol. Solamente quería dejarles este comentario para ver si existe alguna coincidencia .”

Raúl Rouille

Apocalipsis cap. 6:12

“Miré cuando abrió el sexto sello, y he aquí hubo un gran terremoto; y el sol se puso negro como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como sangre.”

Ap. cap. 7:16

“Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno.”

Ap. cap. 8:12

“El cuarto ángel tocó la trompeta, y fue herida la tercera parte del sol, y la tercera parte de la luna, y la tercera parte de las estrellas, para que se oscureciese la tercera parte de ellos, y no hubiese luz en la tercera parte del día, y asimismo de la noche.”

Ap. cap. 9:2

“Y abrió el pozo del abismo, y subió humo del pozo como humo de un gran horno; y se oscureció el sol y el aire por el humo del pozo”

Respuesta:

Amigo Raúl. Gracias por hacer tu comentario. En mi opinión, este tipo de afirmaciones que se hacen en los versículos citados, no son más que metáforas biblicas, más que predicciones. Como tu sabrás, la biblia es un libro que, según el punto de vista de su interpretación, puede dar lugar a unos resultados ó a otros. Científicamente la biblia puede ser leída como un conjunto de metáforas, muchas representativas de historia, y otras de leyenda. El sol siempre ha sido la fuente de luz de la vida, tanto literalmente como metafóricamente. Es uno de los elementos más adorados y temidos en la historia de la humanidad, tanto en sus mitos y leyendas, como en su estudio…etc. No es de extrañar que en el apocalipsis, “aquello que nos de vida, desaparezca, y se cierne sobre nosotros la oscuridad eterna” (hay que recordar la simbología bíblica). Igualmente dudamos que en 2012 sea el apocalipsis, ó el fin del mundo. Éste, ya nos lo provocamos nosotros solitos con el Cambio Climático, las guerras y el hambre…y las futuras guerras. Quién sabe nuesrto fin. Pero casi seguro (aunque nunca convencido), no será en 2012.

Antes de que nuestro sol se apague, habremos desaparecido muchos millones de años atrás. Paulatinamente el Sol, en sus fases finales, crecerá, “devorando” Mercurio y Venus. Y a pesar de ser, en ese momento, más frío que hoy día, habrá destruido la vida en la tierra. probablemente ni las formas de vida más resistente (Archaeas-microorganismos imresionantes capaces de soportar las condiciones más extremas del planeta actual…..y pasado) sobrevivirán. Una vez haya ocurrido esto, entonces el Sol comenzará a soltar material de su superficie (sus capas superficiales, provocando lo que se conoce como una nebulosa planetaria-la muerte de una estrella). Sólo entonces, quedará un cuerpo inerte con una luminosidad muy especial, que será la enana blanca. Pero hasta entonces, el Sol no comenzará a apagarse. Y probablemente no habrá nadie para observarlo….ó si. Te recomiendo que leas el texto que está transcrito en la zona “Artículos” de este blog; se titula “Terracota”.

Primer Viaje

“Durante nuestro primer viaje, no sabíamos absolutamente nada. Habíamos oído, y leído hasta la saciedad las condiciones extremas en que se encontraban el resto de los planetas; el nuestro era un auténtico regalo. Pero hasta que no te enfrentas cara a cara con aquello que has oído, no sabes realmente lo que significa. Entre Júpiter y sus lunas, al borde de la muerte, decidimos que la mejor opción era desaparecer lo más rápidamente posible. Si hubiéramos caído en los profundos mares de Europa,de más de 100 kilómetros de profundidad,  quizás, hubiéramos sobrevivido lo suficiente como para contemplar nuestra propia muerte; la verdadera soledad, sin un alma viva en millones de kilómetros, de años luz. Sólo nosotros cara a cara con el fin. Sólos, descendiendo por las aguas, metros, y metros y metros, sabiendo que nuestra muerte sería…¿por descompresión? ¿Por inundación? Podrían mis labios saborear las aguas de la luna, antes de perder la consciencia en el infinito? No. Decidimos precipitarnos hacia Júpiter, y sus tremendos huracanes; su atmósfera opaca. No veríamos nada, mientras moríamos, y si había suerte, no sentiríamos nada.

Sin embargo, lo único cierto es que no vimos absolutamente nada. Mientras descendíamos hacia su atmósfera, tuvimos la mala suerte de que nuestra nave resistió lo suficiente, como para oír el ruido ensordecedor que aquellos vientos. Nos acercábamos a aquella masa colosal de aire, mientras nuestros cuerpos se enfriaban por el terror; absoluto pavor. No por nuestra inminente muerte. Sino por la inmensidad hacia la que nos estábamos dirigiendo. Hacia unos vientos mortales, un planeta miles y miles de veces más grande que nuestra tierra, y absolutamente opaco. Algo tremendo, enorme, colosal, gigantesco. El verdadero pavor a lo desonocido; recuerdo que se me pasó por la cabeza la misma sensación que se tiene cuando uno no sabe nadar, y se encuentra en unas aguas oscuras, intentando hacer pie…..pero no llega; haciendo movimientos desesperados con los pies, con la esperanza de posarlos en alguna roca; sin embargo con absoluta certeza de que bajo nuestro cuerpo no hay más que  oscuridad, y absoluto vacío. ¿Cuando llegaría nuestra muerte? ¿A qué distancia del huracán? De un huracán del tamaño de varias Tierras..Miles y miles de kilómetros de huracán…

A medida que nuestra nave avanzaba, poco a poco, el sonido era aún mayor. Insoportable. La nave vibraba cada vez más, y podíamos sentir en nuestra piel la fuerza de aquella corriente que nos haría desaparecer en el olvido. Y de pronto, un hálito de desesperanza recorrió mi cuerpo, teniendo en cuenta la desastrosa posibilidad de sobrevivir el tiempo suficiente, como para sentir en todos mis huesos la fuerza de aquel viento. Pero no fué así.

Segundos después, todo cesó. El sonido fué alejándose poco a poco, poco a poco, y cada vez más rápido, hasta no oir más que un pequeño zumbido lejano. La nave dejó de vibrar, y comenzamos a caer, ó eso sentíamos. ¿Sería posible que nuestra nave hubiera aguantado las presiones colosales, y los enormes vientos que roeaban el planeta?.  Todo estaba oscuro, y no se veía nada. Si mi teoría era cierta, no veríamos absolutamente nada. La poca luz de sol no llegaría hasta el centro del planeta. No veríamos nunca nada más. Para nuestra desgracia, habíamos sobrevivido, y la sensación de caída, era cada vez mayor.

Otro hálito de desesperanza alcanzó nuestros corazones, cuando recordamos que la masa planetaria de Júpiter era muy pequeña, ya que todo era atmósfera. absolutamente todo eran gases. Si mi teoría era cierta, no sólo viviríamos (ó moriríamos) en oscuridad, sino que estaríamos horas cayendo, días enteros cayendo; cada minuto a una velocidad mayor…velocidades exponenciales. Nuestra sensación de caída se acrecentaba. Alcanzaríamos una velocidad supersónica en pocos minutos, para desintegrarnos en la superficie rocosa del planeta…ó lo que hubiera allí abajo. ¿Aguantarían nuestros cuerpos tanta aceleración? Por supuesto que no. sin embargo, gracias a nuestros trajes especiales, la sangre recorría por igual nuestro cuerpo, sin verse afectada. Eso supondría horas y horas de tortura, hasta que nuestros propios trajes nos aplastaran lentamente, intentando contrarrestar las presiones acelerativas.

El dolor comenzaba a ser insoportable. No sabía exactamente el estado de mi cuerpo; completa oscuridad, y presión insoportable. Mis sentidos estaban saturados. No sabía si mis vísceras ya estaban aplastadas, si me salía sangre de la boca….si la oscuridad ya era debida al estallido de los globos oculares. Sólo sentía dolor, presión, caída, oscuridad……muerte. No podía siquiera moverme para desconectar el traje; eso hubiera supuesto la muerte instantánea…mi salvación. Pero estaba completamente inmóvil. No teníamos siquiera fuerzas para gritar.

No podía soportar la idea de estar horas así.

Todo acabó. Silencio absoluto. Oscuridad absoluta. Lo siguiente que ví, fue una luz intensa, y la Tierra. Si, la Tierra. La nave se dirigía a gran velocidad en su dirección . Y aquel planeta, de manera casi imperceptible, se hacía más, y más grande. De alguna manera incomprensible, todo había acabado. ¿Ó no?. La nave viajaba a la deriva, atraída por alguna fuerza, pues los instrumentos no funcionaban. Nada funcionaba. No quería ni imaginar el estado exterior de la nave. Y mi cuerpo….no me podía mover. Sólo los ojos. Y doy gracias, porque si hubiera podido mover la cabeza, hubiera visto al resto de mi tripulación repartida en pequeños pedazós; sangre por todas partes; restos humanos, y un sólo cuerpo entero. El de mi copiloto. Con una expresión de terror perpetua, inmortalizada en su cara inmóvil.

Todo aquello me lo contaron. Fuí el único superviviente de la expedición. De alguna manera incomprensible, todavía hoy estudiada, salí de aquel infierno, y llegué a la Tierra. Recogieron mi cuerpo de entre los restos de una nave, casi carbonizada, y hecha pedazos, cuya estructura no era más que un amasijo de hierros. Aún hoy se preguntan cómo conseguí llegar a la tierra. Lo único que me protegió en todo momento fué mi traje espacial….especial.

Tras dos años de recuperación y rehabilitación, pude reincorporarme a la división de exploradores espaciales (AED-Aerospatial Explorer Division). La única razón de aquello, mi experiencia en Júpiter. Mis trastornos psíquicos y físicos, secuelas inevitables, me hubieran impedido volver a la División. Sin embargo, por algún motivo, me lo pidieron. Y yo, por alguna otra razón, acepté. Ellos sabían algo que  intentaban ocultar a toda costa, pues desde aquel día, la inversión en Júpiter se cuadruplicó, y me convertí en el centro de todas las investigaciónes.

Hoy, después de todo lo que he pasado en el resto de misiones, tengo pesadillas con aquel ruido ensordecedor, aquel viento, huracán….mensajero de la muerte. La oscuridad, en ocasiones, me da pavor, y no consigo quitarme todas aquellas sensaciones que viví. Las recuerdo día a día. Sin embargo, las posteriores misiones casi suicidas a las que me sometieron, parecieron juegos de niños. Habían conseguido un individuo que mantuviese la frialdad en todas las situaciones. Y eso me salvó la vida (y las de mis compañeros) en posteriores intentos de colonización. Un héroe de cara al público, y un hombre desmoronado, de cara a la intimidad. Aquel fué mi bautizo espacial. ”

 Extraido de “El espacio profundo: la mirada de las hormigas” de Nathanel York.

Mares Candentes

“Si pudiera volver a vivirlo, no lo haría ni loco. En aquella expedición, casi acabamos pulverizados por las ondas electromagnéticas que desprendía aquel coloso. Eso, sin contar con la enorme fuerza gravitatoria que nos atraía hacia la muerte. […]De ningún modo podíamos ver más allá de aquellas masas nubosas que lo llenaban todo. Los huracanes de Júpiter a un lado, los mares infinitos de Europa al otro. La muerte nos rodeaba. […]Y lo peor, era pensar en lo que habría detrás de aquellas nubes. Nunca nadie lo había visto. Nunca nadie lo vería, ó volvería para contarlo.”

Extracto de la revista “AED-Testimonios de nuestros astronautas”, por Nathaniel York

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